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La siesta y sus beneficios

¿Qué es?

La siesta es una costumbre presente no sólo en España, sino en gran parte del mundo y consiste en, descansar después del almuerzo, entablando un corto sueño con el propósito de reunir energías para el resto de la jornada.

No se trata de una costumbre, sino de una consecuencia natural del descenso de la sangre, después de la comida, desde el sistema nervioso al sistema digestivo, lo que provoca una consiguiente somnolencia.

Esta palabra viene de la expresión latina hora sexta, que designa al lapso del día en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.
La siesta y el corazón

La revista Archives of Internal Medicine ha publicado recientemente una investigación en la que señala los beneficios de la siesta para la salud del corazón. Esta investigación, dirigida por Androniki Naska, epidemiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Atenas (Grecia) y Dimitrios Trichopoulos, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (EEUU), evalúa de forma prospectiva una población de más de 23.600 personas que, al principio del estudio, no presentaban signos de patología cardiaca, ictus o cáncer.

Los resultados del estudio mostraron que las personas que regularmente dormían la siesta tras el almuerzo presentaban una tasa de mortalidad coronaria un 37% más baja que aquellos que se mantenían despiertos durante toda la jornada. Quienes dormían ocasionalmente o los fines de semana presentaron una reducción estadísticamente no significativa del 12%. Los datos también pusieron de manifiesto que la siesta repercutía positivamente en los hombres activos laboralmente y disminuía su efecto en los jubilados. Según señalan los autores, esto se debería a que el efecto protector de la siesta actúa frente al estrés, factor de riesgo cardiovascular demostrado a largo y corto plazo, que se presenta en menor nivel en las personas jubiladas.
La siesta y la memoria

Las siestas cortas diurnas podrían mejorar la memoria, según sugiere un estudio del City College of the City University of New York (Estados Unidos).

Los investigadores descubrieron que un corto período de sueño no REM durante una siesta diurna beneficia el funcionamiento de la memoria declarativa, aquella que almacena datos, acontecimientos generales de la vida o información sobre el entorno.

El estudio se centró en 33 participantes, 11 hombres y 22 mujeres, que tenían una media de edad de 23 años. Los participantes llegaron al laboratorio del sueño a media mañana, fueron entrenados en las dos tareas de memoria declarativa que tenían que realizar y, sobre la una de la tarde, 16 de ellos llevaron a cabo una siesta mientras que los 17 restantes se mantenían despiertos en el laboratorio. Después de la siesta, todos los participantes se quedaron en el laboratorio hasta que llegó el momento de hacer una nueva prueba sobre las cuatro de la tarde.

Los investigadores descubrieron que en las tres pruebas diferentes de memoria declarativa, la siesta benefició su realización en comparación con los períodos de vigilia, pero sólo en aquellas personas que adquirieron más destreza en las tareas durante la sesión de entrenamiento.

Según explica el Dr. Matthew A. Tucker, director del estudio, la importancia de este descubrimiento es que el sueño podría no procesar indiscriminadamente toda la información que se adquiere durante la vigilia, sino sólo la información bien aprendida. "Los resultados sugieren que existe un nivel de adquisición que se ha tenido que obtener para que el sueño procese de forma óptima la memoria".
La siesta y el trabajo

Un descanso de treinta minutos es altamente recomendable y está demostrado que produce grandes beneficios en el organismo y en la psique humana. Se reduce el riesgo de infarto y se elimina el estrés. La persona se despierta renovada y fresca, apta para seguir enfrentando el resto del día con las ideas renovadas y con una capacidad creativa y de razonamiento diferentes. Después de una ligera siesta el rostro refleja luminosidad y frescura, señalan quienes estudian diferentes tipos de perturbaciones relacionadas con el dormir.

En algunos países se ha llevado al terreno legal con la idea de formalizar si es un derecho de los trabajadores.
Consejos para una siesta óptima

Para disfrutar de una buena siesta es muy importante tomarla después de comer teniendo en cuenta que la verdadera siesta tiene lugar en la cama y con el pijama puesto. Pero también puede echarse en un confortable sofá, si no hay una cama disponible. El tiempo estimado es de entre 15 y 30 minutos, sin superar nunca una hora. Para ello, es primordial establecer unos horarios de siesta y llevar a cabo la obediencia a una rutina, pues durante este periodo de tiempo la tensión arterial y la temperatura corporal disminuyen, lo que induce a un reposo aún más profundo. Cuando la siesta excede el tiempo indicado son comunes los ataques de mal humor propios de la misma inercia del sueño, ligera depresión, etc. Es esencial lograr un buen ambiente de descanso. Arreglar el dormitorio, manteniéndolo limpio, oscuro y fresco. Además de comprar un buen colchón y una almohada que permita mantener la cabeza, el cuello y la columna vertebral alineados.

Hay que evitar posibles elementos perturbadores. Los móviles deben apagarse. Sin embargo, hay otros ruidos, como los de la televisión o la radio, que ayudan a algunas personas a conciliar el sueño. En este caso, se mantendrán encendidos. La mejor forma de despertarse es con la voz dulce de una persona o con un despertador. Al levantarse se recomienda tomar agua o algo dulce para reanudar la actividad habitual.