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El sueño es un estado fisiológico extremadamente importante para la supervivencia de los humanos que está determinado por una serie de dimensiones:
El tiempo circadiano, ciertos factores intrínsecos a la persona, las conductas que facilitan o inhiben el sueño y dónde se duerme.
El ambiente de descanso es unos de estos factores que definen la duración y la estructura del sueño. Los factores extrínsecos como la temperatura, la
luz, la humedad o el ruido pueden ayudar a la persona a obtener un buen descanso o, por el contrario, pueden imposibilitarle que se quede dormida o
provocarle despertares nocturnos que rompen los ciclos habituales de sueño. El ruido ambiental es seguramente uno de los factores más importantes, por
su alta incidencia en las ciudades, de interrupción del sueño. Los ruidos que mas han sido estudiados y citados en las investigaciones hacen referencia
al ruido del tráfico, el proveniente de los vecinos y el de los aviones (Muzet, 2007)
La exposición al ruido ambiental en las ciudades, así como las quejas de sus habitantes, están en crecimiento y aumentan con el tamaño de las ciudades,
ya que las fuentes de contaminación acústicas van en expansión, sin que las medidas legales y administrativas puedan llegar a tantos afectados. Esta
exposición es inversamente proporcional a las entradas económicas de la familia; es decir, cuanto menos es la renta más probabilidad hay de que las
personas sufran la exposición a contaminación acústica. (Gualezzi, 1998)
En los últimos 30 años, son muchos los estudios desarrollados con el objetivo de evaluar el efecto del ruido sobre el sueño y sobre la salud en general.
El ruido tiene importantes repercusiones tanto en la arquitectura y microestructura del sueño, como sobre las funciones autonómicas y, más a largo
plazo, sobre la salud y la calidad de vida. Los efectos primarios, las respuestas que ocurren simultáneamente o inmediatamente después de que ocurra el
ruido, son el aumento de la actividad cerebral, de los movimientos del cuerpo y de las respuestas autónomas. Estos efectos comportan numerosos
despertares y cambios a fases de sueño más superficiales, además de una percepción subjetiva de mala calidad del descanso. Los parámetros de sueño
provenientes de polisomnografía como la latencia de sueño (el tiempo que tarda la persona en quedarse dormida), los porcentajes de sueño profundo (sueño
REM y fases 3/4 del sueño NO-REM), la frecuencia de los despertares y el tiempo de vigilancia durante la noche empeoran al aumentar los decibelios. En
general, se puede decir que la capacidad de alcanzar las fases más profundas del sueño es la que resulta más perjudicada por la exposición al ruido.
El ruido tiene también otros efectos inmediatos como el aumento de la frecuencia cardiaca, de la frecuencia respiratoria, de la presión sanguínea y de
la vasoconstricción. Este tipo de respuestas pueden darse incluso con niveles de ruido muy bajos. Es posible que las personas tengan la sensación de
haberse acostumbrado al ruido, pero el cuerpo nunca deja de reaccionar a estos estímulos.
El ruido no solo afecta a la calidad del sueño, sino también al rendimiento físico y cognitivo del día siguiente. Los efectos secundarios del sueño
interrumpido por el ruido son similares a los de los pacientes con insomnio crónico: somnolencia diurna, cansancio, necesidad de dormir siesta para
compensar la falta de sueño, disminución del rendimiento en el trabajo y aumento de los accidentes de tráfico. Las respuestas bioquímicas del organismo
también cambian a raíz de la exposición al ruido: por ejemplo, la cantidad de hormonas del estrés, como la noradrenalina, la adrenalina y el cortisol,
son más elevadas al día siguiente.
En última instancia, el efecto de la exposición al ruido se puede entender como efecto a largo plazo sobre la salud y la calidad de vida. De hecho hay
trabajos que evidencian que hay un mayor número de prescripciones de medicamentos y de admisiones al hospital psiquiátrico de personas que viven cerca
de los aeropuertos. De todas formas, es difícil extraer conclusiones sobre estos datos epidemiológicos, ya que las variables de confusión son numerosas.
Las consecuencias de la exposición al ruido durante el sueño dependen de muchos factores, fundamentalmente, factores dependientes del ruido y factores
de la persona. El tipo de ruido, continuo o intermitente, la intensidad, el espectro, la frecuencia, la duración y la diferencia entre nivel de ruido de
fondo y la máxima amplitud del estímulo son aspectos que determinan el impacto del ruido sobre el sueño. Por ejemplo, un ruido intermitente puede
alargar la latencia del sueño hasta en veinte minutos. Además, los efectos son distintos según el momento del sueño que sea interrumpido por el ruido:
en las horas de la mañana el ruido puede despertar fácilmente a una persona e impedirle volver a dormir. Con respecto a los factores dependientes de la
persona, el significado que se atribuye al ruido en sí es muy importante ene. Impacto sobre el sueño; es decir, tendrá un efecto diferente oir la sirena
de una ambulancia que pasa que oír las voces de los vecinos. El ruido proveniente de los vecinos tiene un contenido de información muy elevado que puede
capturar la atención de quien escucha, independientemente de su intensidad. En otro ejemplo, susurrar en nombre de la persona la despertará más
fácilmente que un ruido neutro emocionalmente. En el contexto de los ruidos domésticos, lo que más importa es la actitud hacia la fuente de ruido, más
que las características de personalidad y la autoestimación de la sensibilidad al ruido también influyen en sus efectos. La edad juega un papel muy
importante: los niños son mucho menos sensibles a los ruidos durante la noche y es mucho más difícil que se despierten; por el contrario, una persona
mayo se queja más y tiene un mayor número de despertares espontáneos por causa del ruido. Otras investigaciones evidencian la importancia de la
sensibilidad individual al ruido, ya que ésta media entra la intensidad del ruido y sus efectos psicológicos; es decir, la percepción subjetiva de
calidad de sueño, la irritación, la capacidad de concentrarse y la capacidad de dormirse estará determinada por la tolerancia a la contaminación
acústica.
En resumen, el ruido durante el sueño tiene efectos auditivos y extraauditivos sobre las personas. En las investigaciones realizadas se muestra como
estos efectos tienen un impacto perjudicial sobre la salud y la calidad de vida. Dado que la mayoría de los ruidos provienen de fuera de los hogares, es
prioritario la mejora de los sistemas de aislamiento e insonorización de los edificios. De esta manera, es estará invirtiendo e corto y largo plazo en
la mejora del sueño y, en definitiva, de la salud de las personas.
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